envuelvo con mis dedos la cordillera de tu espalda
la froto rítmicamente a la manera de Preciado
hasta que te retuerces formando un arco perfecto
y tus vértebras dejan terremotos en mis manos
enroscado aún a la soga vital de tu espinazo
te susurro en la oreja y me cuelo con mi aliento
me introduzco en tu pupila para verme desde tí
y me deslizo por el lubricante de tu lengua
me mudo a un apartamento entre tus pulmones
donde tus costillas quiebren mi cuerpo
y solo pueda respirar a través de tí
hasta que amputes nuestros bronquios
desterrándome de tus entrañas, condenándome