ENTRAÑAS

tú estás sintiendo mariposas en el estómago por otro, mientras tanto yo en las entrañas solo tengo un agujero negro, una fuerza centrípeta entre las costillas que me retuerce los intestinos y confabula un perverso beso a tres entre mi vesícula, mi pancreas y mi corazón. solamente las larvas más nauseabundas pueden procrear en un páramo tan hostil como el que forma mi estómago, vuelto sobre sí mismo de manera que me impide siquiera realizar las abyectas y humillantes tareas necesarias para la subsistencia de un ser vivo. en qué me convierte esto lo desconozco. un muerto viviente sería la fórmula habitual, tal vez solo una máquina, un agenciamiento de flujos: de hormonas que invaden mi cuerpo a través de las gónadas y lo abandonan por los lagrimales acompañadas de salitre y bilis; de alcohol que forma una efímera membrana en torno al inquilino que ocupa mi esternón acallándolo por una horas, membrana que a la mañana siguiente deberé extirpar de mi cuerpo de una manera tan grotesca que si fuera cierta la existencia de un demiurgo semejante ser debe ser sin duda un sádico; de códigos semióticos a través de los cuales trato de buscar una catársis, una implosión del anti-heraldo que esparza mis orgánulos, un caos seguido, con suerte, de un cosmos, de un nuevo mundo, donde, tal vez, puedan las mariposas regresar